Que caigan las coronas, las ideologías mormonas.
Que caigan tantos estereotipos impuestos por las modas.
Que caigan las leyes y normas impuestas para ser sogas.
Que caigan esos mandamases carentes de formas.
Que caigan las banderas, que partan las fronteras,
que igualen los colores, los sexos y las etnias.
Que caigan las monedas, que caigan los sistemas,
que legalicen las personas vengan de donde vengan.
Que caigan sus mentiras y pierdan la oratoria.
Insultaron a las personas, insultaron al idioma.
Que caigan sus obras de artes tan magistrales,
que siguiendo sus pasos se muere de hambre.
Que caigan, que caigan ellos, sus privilegios.
Que caigan los que no respetaron nuestros derechos,
los que atemorizan al pueblo, los que lo amenazan.
Que caiga el Gobierno por su mala fama.
Que caigan los padres de la democracia,
que pasamos de dictadura a estafa.
Que caiga el circo, que caiga la carpa.
Que caiga la calaña de este trozo llamado España.
Que caiga quien calla, quien ladra, quien manda.
Que caigan los que maltratan las palabras,
los sexistas, xenófobos, homófobos que dicen dar la talla,
Que caigan los asesinos de libertad, de esperanza.
Que caigan, que se vayan, los que se creen dirigentes,
y sólo son meros representantes prepotentes.
Que caigan, los que todo lo que han mostrado es saber hacer nada,
Que caigan, que tienen complejo de élite y sólo son masa.
Que caiga el presidente y sus secuaces.
Que el intelectual y el obrero se alcen.
Que ocupen las calles, las mentes y los hogares,
E igual se consigue que el mundo se salve.
La poesía es ese grito a pleno pulmón que todos oyen pero nadie entiende.
sábado, 24 de mayo de 2014
domingo, 18 de mayo de 2014
Y echando la vista atrás...
Puedo escribir triste y puedo escribir alegre,
he visto mis fracasos y mis despegues.
He mimado y he roto puntas,
las he respetado y odiado como a la cicuta.
Me he visto enterrado en mi propia tumba,
he buscado un faro cuando la noche era oscura.
He buscado una sombra cuando la luz era ruda,
y el Sol quemaba una piel desnuda.
He batallado sin espadas, con puños y uñas.
he batallado mil batallas y no he ganado ni una.
He ganado experiencia pues la vida es una guerra,
y sólo la última batalla será en la que me teman.
He callado tanto, que estoy falto de gritos.
He tachado tanto, que ya digo que no escribo.
He odiado tanto, que no le encontré sentido,
y ahora que no odio, me oigo a mí mismo.
Puedo escribir triste y puedo escribir alegre,
he vivido en un canto al borde de dos caras,
no hablo de monedas, hablo de sonatas,
voces dulces y amargas.
Hablo de las notas de un pentagrama,
algunas graves, y otras superficiales.
Claves de Sol y de Luna,
notas cortas y notas largas.
Ha andado tanto que ya estoy cansado,
pero el paisaje renueva los recuerdos olvidados.
He avanzado a dos, a tres, a cuatro patas me he arrastrado.
Y aún quiero observar lo que me está rodeando.
He perdido ventrículos y aurículas,
he detenido mi corazón de la forma más insípida.
He fibrilado para ponerme la capucha de tela,
he convertido inicios en secuelas.
Creí en un Dios bueno,
para dudar de uno malo.
Ahora creo que solo hay uno,
y se llama Diablo.
Puedo escribir triste, y puedo escribir alegre.
Puedo ser espada que ataca o escudo que detiene.
Puedo ser voz, o puedo ser dientes.
Puedo ser Rey, o puedo ser sirviente.
Porque recuerdo mi pasado,
pero no me detengo en él para volverlo pesado.
Suficiente pesa ya el futuro,
que ese sí que hay que arrastrarlo.
He sido caballo y caballero,
juez, verdugo y reo.
He sido alas y yugo.
He sido de todos y de ninguno.
Ahora soy mío,
ahora soy tuyo.
he visto mis fracasos y mis despegues.
He mimado y he roto puntas,
las he respetado y odiado como a la cicuta.
Me he visto enterrado en mi propia tumba,
he buscado un faro cuando la noche era oscura.
He buscado una sombra cuando la luz era ruda,
y el Sol quemaba una piel desnuda.
He batallado sin espadas, con puños y uñas.
he batallado mil batallas y no he ganado ni una.
He ganado experiencia pues la vida es una guerra,
y sólo la última batalla será en la que me teman.
He callado tanto, que estoy falto de gritos.
He tachado tanto, que ya digo que no escribo.
He odiado tanto, que no le encontré sentido,
y ahora que no odio, me oigo a mí mismo.
Puedo escribir triste y puedo escribir alegre,
he vivido en un canto al borde de dos caras,
no hablo de monedas, hablo de sonatas,
voces dulces y amargas.
Hablo de las notas de un pentagrama,
algunas graves, y otras superficiales.
Claves de Sol y de Luna,
notas cortas y notas largas.
Ha andado tanto que ya estoy cansado,
pero el paisaje renueva los recuerdos olvidados.
He avanzado a dos, a tres, a cuatro patas me he arrastrado.
Y aún quiero observar lo que me está rodeando.
He perdido ventrículos y aurículas,
he detenido mi corazón de la forma más insípida.
He fibrilado para ponerme la capucha de tela,
he convertido inicios en secuelas.
Creí en un Dios bueno,
para dudar de uno malo.
Ahora creo que solo hay uno,
y se llama Diablo.
Puedo escribir triste, y puedo escribir alegre.
Puedo ser espada que ataca o escudo que detiene.
Puedo ser voz, o puedo ser dientes.
Puedo ser Rey, o puedo ser sirviente.
Porque recuerdo mi pasado,
pero no me detengo en él para volverlo pesado.
Suficiente pesa ya el futuro,
que ese sí que hay que arrastrarlo.
He sido caballo y caballero,
juez, verdugo y reo.
He sido alas y yugo.
He sido de todos y de ninguno.
Ahora soy mío,
ahora soy tuyo.
martes, 13 de mayo de 2014
El doctor.
Y el doctor levantó a los muertos.
Despertaron los honrados,
los atentos, los desinteresados.
Despertaron un montón de esqueletos,
de cuerpos podridos, que en realidad,
su cerebro había florecido,
y, aún no marchito, seguía vivo,
en algún recuerdo, algún libro.
Levantó a los buenos, levantó a los malos,
a todo aquél que acusaba pensando.
Despertó profesores, revolucionarios,
despertó escritores y artistas de barrio.
Despertó a Einstein, despertó a Picasso,
despertó todas las ramas de este gran Árbol.
Al Árbol de la Vida, al Árbol de la Ciencia,
despertó a la Serpiente y también a la Paloma.
Despertó las ideas de antes de Roma.
Despertó los números, despertó las letras,
creó en el álgebra la rima perfecta.
Despertó los tempos, despertó las notas,
creó la música, un caos y armoniosa.
Levantó todo lo que ya había muerto,
sus últimos esfuerzos
por su único sueño:
Recuperar el pasado del que su recuerdo era dueño.
Despertó a los muertos porque eran cultos,
porque no hicieron de su cuerpo objeto de tributos.
Porque el cuerpo es como una manzana,
al tiempo para los gusanos, plato de buen gusto.
Este lo he escrito porque, me parece que, hoy día, olvidamos las cosas realmente importantes. El ser humano aprende de la imitación, nunca podremos negar que somos copias de otros, porque así es como nos formamos, imitando, y ser una copia no es malo, lo malo es ser una mala copia de alguien que no llegó a copiar nada. ¿Es malo acaso copiar a García Márquez? ¿Tener como ídolo a Leonardo, y no DiCaprio, Da Vinci? Yo creo que no, lo malo, es intentar imitar a gente sin sustancia, que en cuanto deja de hacer algo, es como si hubiera muerto, y cuando mueren, sólo viven un par de semanas más.
Lo que yo digo es, no es malo seguir los pasos de alguien, lo malo es pisar sus huellas. La sociedad se está muriendo, y lo estamos permitiendo, ya no leemos, no perdonamos, no sentimos, sólo... Sólo tragamos y no nos llenamos. Estamos más muertos que antes nacer. Los grandes cerebros, llegan al límite de su tiempo terrenal, y cuando el último caiga... Cuando el último caiga, ¿qué haremos? No seremos capaces de proporcionar a la Tierra/tierra lo que merece, moriremos o nos mataremos o mataremos, o yo qué sé, pero no será bueno.
Nacemos siendo algo, muramos siendo alguien.
Despertaron los honrados,
los atentos, los desinteresados.
Despertaron un montón de esqueletos,
de cuerpos podridos, que en realidad,
su cerebro había florecido,
y, aún no marchito, seguía vivo,
en algún recuerdo, algún libro.
Levantó a los buenos, levantó a los malos,
a todo aquél que acusaba pensando.
Despertó profesores, revolucionarios,
despertó escritores y artistas de barrio.
Despertó a Einstein, despertó a Picasso,
despertó todas las ramas de este gran Árbol.
Al Árbol de la Vida, al Árbol de la Ciencia,
despertó a la Serpiente y también a la Paloma.
Despertó las ideas de antes de Roma.
Despertó los números, despertó las letras,
creó en el álgebra la rima perfecta.
Despertó los tempos, despertó las notas,
creó la música, un caos y armoniosa.
Levantó todo lo que ya había muerto,
sus últimos esfuerzos
por su único sueño:
Recuperar el pasado del que su recuerdo era dueño.
Despertó a los muertos porque eran cultos,
porque no hicieron de su cuerpo objeto de tributos.
Porque el cuerpo es como una manzana,
al tiempo para los gusanos, plato de buen gusto.
Este lo he escrito porque, me parece que, hoy día, olvidamos las cosas realmente importantes. El ser humano aprende de la imitación, nunca podremos negar que somos copias de otros, porque así es como nos formamos, imitando, y ser una copia no es malo, lo malo es ser una mala copia de alguien que no llegó a copiar nada. ¿Es malo acaso copiar a García Márquez? ¿Tener como ídolo a Leonardo, y no DiCaprio, Da Vinci? Yo creo que no, lo malo, es intentar imitar a gente sin sustancia, que en cuanto deja de hacer algo, es como si hubiera muerto, y cuando mueren, sólo viven un par de semanas más.
Lo que yo digo es, no es malo seguir los pasos de alguien, lo malo es pisar sus huellas. La sociedad se está muriendo, y lo estamos permitiendo, ya no leemos, no perdonamos, no sentimos, sólo... Sólo tragamos y no nos llenamos. Estamos más muertos que antes nacer. Los grandes cerebros, llegan al límite de su tiempo terrenal, y cuando el último caiga... Cuando el último caiga, ¿qué haremos? No seremos capaces de proporcionar a la Tierra/tierra lo que merece, moriremos o nos mataremos o mataremos, o yo qué sé, pero no será bueno.
Nacemos siendo algo, muramos siendo alguien.
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