Puedo escribir triste y puedo escribir alegre,
he visto mis fracasos y mis despegues.
He mimado y he roto puntas,
las he respetado y odiado como a la cicuta.
Me he visto enterrado en mi propia tumba,
he buscado un faro cuando la noche era oscura.
He buscado una sombra cuando la luz era ruda,
y el Sol quemaba una piel desnuda.
He batallado sin espadas, con puños y uñas.
he batallado mil batallas y no he ganado ni una.
He ganado experiencia pues la vida es una guerra,
y sólo la última batalla será en la que me teman.
He callado tanto, que estoy falto de gritos.
He tachado tanto, que ya digo que no escribo.
He odiado tanto, que no le encontré sentido,
y ahora que no odio, me oigo a mí mismo.
Puedo escribir triste y puedo escribir alegre,
he vivido en un canto al borde de dos caras,
no hablo de monedas, hablo de sonatas,
voces dulces y amargas.
Hablo de las notas de un pentagrama,
algunas graves, y otras superficiales.
Claves de Sol y de Luna,
notas cortas y notas largas.
Ha andado tanto que ya estoy cansado,
pero el paisaje renueva los recuerdos olvidados.
He avanzado a dos, a tres, a cuatro patas me he arrastrado.
Y aún quiero observar lo que me está rodeando.
He perdido ventrículos y aurículas,
he detenido mi corazón de la forma más insípida.
He fibrilado para ponerme la capucha de tela,
he convertido inicios en secuelas.
Creí en un Dios bueno,
para dudar de uno malo.
Ahora creo que solo hay uno,
y se llama Diablo.
Puedo escribir triste, y puedo escribir alegre.
Puedo ser espada que ataca o escudo que detiene.
Puedo ser voz, o puedo ser dientes.
Puedo ser Rey, o puedo ser sirviente.
Porque recuerdo mi pasado,
pero no me detengo en él para volverlo pesado.
Suficiente pesa ya el futuro,
que ese sí que hay que arrastrarlo.
He sido caballo y caballero,
juez, verdugo y reo.
He sido alas y yugo.
He sido de todos y de ninguno.
Ahora soy mío,
ahora soy tuyo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario