La llama que nunca se apaga,
la noche que nunca acaba.
Hacerte cenizas para que te lleve el viento,
y renacer llameante llegado el momento.
Ser en un instante eternidad,
insistente en la memoria efímera.
De mente soñadora y alma despierta,
entre los dos mundos arriesgo mi existencia.
Porque el guerrero no nace de la batalla,
sino de la meditación.
Porque todo lo que no hago,
es todo lo que aún no me he propuesto.
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