Ni guapo ni feo,
mi belleza no se define por un espejo.
Tampoco los cánones que tengo,
que se adaptan a mi tiempo.
Al mío propio,
no al que la sociedad impone a los ojos.
Tengo una cicatriz por cada reflexión,
a veces dos.
Mente en guerra, cuerpo en paz.
En medio de la guerra me obligo a meditar.
Nunca aprenderé a callar,
tengo mucho que gritar,
y poco tiempo.
Pero muchas formas para hacerlo,
y algunas, incluso, en silencio.
Me tengo a mí, y a mi autoestima,
que ni mi madre sabe de dónde ha salido.
Que no todo me gusta,
pero me acepto, no me cambio.
Y eso jode a muchos,
pero a mí no, así que yo gano.
Muchos quisisteis sentenciarme, silenciarme,
y en silencio medité,
en soledad me encontré.
Porque antes de ganar cualquier guerra,
sólo hay que estar mentalizado.
Y además tengo una estrategia,
en vez de cargar corazas,
endurezco mi piel.
No hay comentarios:
Publicar un comentario