miércoles, 18 de septiembre de 2013

El alma del Tiempo.

Es el tiempo tan caprichoso
como codicioso el ser humano.
Y es que lo llevamos midiendo tantos años
y aún nos lleva él más observando.

Y es que le dimos un bastón para los segundos
y dos guadañas,
para horas y minutos,
así que tan pronto estoy hoy, como falto mañana.

Por él nací y por él moriré,
pero jamás para él.
Ni morir, ni vivir, ni nacer.

Y es que él puede hacer en mí,
pero yo puedo hacer de él,
y es que él no puede morir,
Pero moriría por vivir.

Sin vida no hay muerte
y él es eterno,
para nuestra suerte.

A través de los años vaga sin nada,
porque nuestros deseos
se reflejan en sueños.
¿Pero él cuándo sueña? Nunca descansa.

Nos odia porque le envidiamos,
nos envidia porque le odiamos.
Es todo tan extraño,
es todo tan humano,
todo tan añorado,
tan deseado...
Por él, un huérfano,
quizá el más buscado,
por su ADN tan codiciado,
y las ganas de controlarlo.

Le hemos metido en jaulas miles de veces,
nunca se ha frenado, ni se le ha atrapado.
Siempre visto con malos ojos, nunca aceptado.
Siempre serás culpable, aunque no siempre lo eres.

Yo mismo te busco y no te encuentro,
pero lejos de relojes, en el firmamento.
En aquellas estrellas, que aún ya muertas,
llega su luz entre tus dedos.

Porque aún acusado de demonio,
de ser juez duro,
eres testigo claro en el testimonio.
Y a quien te acepta,
muerte le das en cuerpo,
y ya lejos de la Tierra,
al llegar a tu vera,
en el suelo,
conviertes su alma en eterno recuerdo.

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