Nunca se me dieron bien los comienzos
es en las historias donde hago mis reinos
y en los finales donde creo el cielo.
Nunca se lo que tengo,
y muy rara vez lo que siento.
Siempre ando pensando entre lamentos,
entra tormentos veraniegos.
Siempre busco esperanza en letras tachadas,
el frío en el verano que todos esperaban.
Buscaba el valor en la cobardía que me ataba
y buscaba la llave de la cárcel que me apresaba.
Siempre he sido libre y cautivo
un turista perdido en mí mismo.
Nativo en los temidos abismos.
Un ser comprometido con la falta de compromiso.
Siempre me he visto como una bala perdida sin objetivo,
como el primer disparo para probar puntería,
con no más compañía que cambiar la rutina
y es que esa visión siempre ha sido mi ruina.
Me he perdido en miradas de todos los colores
pero nunca encontré tentaciones.
Es extraño porque estoy siempre en movimiento,
pero siempre hago lo mismo que si estuviera quieto.
Y Vivo en el tiempo como buenamente puedo,
intento ser viajero de peso ligero,
ir con lo puesto y todo eso,
pero siempre recojo todo lo que encuentro por el suelo
y solo me sirve para hacer más peso.
Porque siempre tengo recursos
pero por miedo al futuro o yo que sé qué
nunca llego y nunca los uso.
Y en cambio siempre me preocupo,
siempre que pienso, siempre que actúo.
Alargo las cosas por miedo a los finales.
Siempre doy la mano y empujo,
pero a mí nunca me ayudo.
Veo crecer muchos frutos,
pero no me atrevo a morder ninguno.
Y a veces pierdo, a veces triunfo,
a veces tan solo me escondo en mi refugio,
tan solo por huir un poco del mundo,
otras tan solo me hago el ciego-sordomudo.
Y si escribo todo esto en un papel
es para recordarme que este soy yo,
que esto existe y no es solo algo que un día dije
y al de nadie sabe cuanto olvidé.
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