Ni patria ni gloria, menos amor o encanto.
Perdí mi corazón y ahora tan solo me queda el llanto.
Por doblar más flechas que esquinas
y recoger más piedras que las que tenían cabida.
Por jugar siempre arriesgando a la última bala,
y escoger siempre la pistola encasquillada.
Por haber sido demonio, ángel y humano.
Por haber sido ignorante, héroe y villano.
Por haber creído en Dios y ahora ser ateo.
Por haber jugado con fuego, rayos y truenos.
Por haber vestido de oro, plata, bronce, cobre,
y ahora llevar cuatro harapos de cuero.
Por haber sido el más talentoso, ahora soy torpe,
y ahora de cuatro tachones hago mi reino.
Ni colores ni banderas, ni cabizbajo ni de rodillas.
El poder del ejército tiene un dueño,
y el de un sólo hombre, tiene sueños.
Sueños que muertos se convierten en pesadillas
para aquél que les arrebató la vida,
que un hombre sin sueños, carece de miedo.
Bien entrada la noche ya no hay salida.
Escribes en líneas muertas,
escribes en líneas torcidas,
escribes por inercia,
como al taparte una herida.
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