domingo, 20 de octubre de 2013

Ausencias.

La soga ya cansada, 
se rompió por la mitad,  
sentía ya tanta culpabilidad.

Y es que pensamos antes en nosotros 
que en los demás. 
Hasta cuando se trata de no hacer más.

Y es pensamos en morir
antes que en renacer.
Soñamos con el anochecer,
y vivimos sin amanecer.
Sin abrir los ojos, 
sin ser.

Y la bala se volvió hueca,
pues al ir llena, 
sentía el peso de la condena.
Que el gatillo la golpeaba
solo para arrebatar un alma.

Nadie quiere ser ladrón, 
pero es tan fácil desacreditar un “yo”, una opinión.
Tirar una piedra y decir que no.

Y es que hasta Dios desistió,
que le cargaron a su nombre, 
tantas muertes de mujeres y hombres.
Que abandonar fue su única opción.

Y la vida hay que cuidarla, 
rodearla de buenas almas.
Que cuando esté enferma 
haya alguien para abrazarla, 
mimarla, quererla y besarla.
Maquillaje, mentiras, bebidas.
Hombres y mujeres se mienten to’s los días.
Y hay ya tantas almas vacías,
tantas falsas despedidas.

Se sustituyó la cuerda por la bala,
la bala por el Whats App.
Se sustituyó la alegría por dinero,
y esté engendró al amor moderno.

Sonríes en la foto, 
te ahogas en el fondo. 
Ya no te abres 
porque quién sabe.

Ya nadie se fía,
todos se intimidan.
Y es que hoy día
tira más la imagen que la vida.

Y es que todos buscan llenar su vacío con lo mismo.
Solo suman precipicios.
Y yo, que en mis abismos
solo busco la paz,
alguien que me de tranquilidad,
confianza, armonía.

Lo tirita que ansía
mi alma herida. 
Pues lloran mis ojos,
sangre y no agua,
al ver que cada gota que se derrama,
es por buscar fama, 
y no por acortar distancias
entre dos espíritus de tierras lejanas.


Y es que lloran mis ojos
al ver tanta coraza tan bien adornada
y tanta ausencia de alma.

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