Pisoteado y abandonado,
como un perro en el asfalto.
Recordado tantas veces,
y más olvidado.
Escondido en las esquinas,
buscando en sombras, maravillas.
Viviendo de rodillas,
a expensas de cuatro rimas.
Que por tres gatos mal contados,
me atacaron veintiún vidas.
Y a cuatro Ases por partida
me quedé a dos migas.
Una mala perra,
me pegó sus malas pulgas.
Y ahora que sutura,
comienza otra guerra.
Quién quiere un trabajo
con el que vivir.
Si para lo único que valgo,
es para escribir.
Y tirado en la acera,
ganando por hora
cuatro centavos y una queja,
y una botella de Vodka.
Quién fuera nadie
para morir un poco antes.
Pero te conviertes en alguien,
al ser un fiambre.
Acostumbrado a nada,
a no decir palabra.
Acostumbrado a plasmar con el alma,
cada segundo que le mata, o le salva.
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