lunes, 18 de noviembre de 2013

Relojes rotos.

Los engranajes se engangrenan,
la saliva se vuelve flema.
Prende la flama en la conciencia 
de soportar tanta condena.
Las agujas agujerean el tejido,
gimen los agujeros 
por soportar tales vacíos.
Por soportar sus caprichos.
Huyen los números, 
numerados en desorden.
Tanto los mayores como los menores,
Pierden su sur y su norte.
Avanza y se agota, 
herido pero no perdido.
Pues nunca muere 
aunque muera su navío.
La prisión que soporta al tiempo,
pero no al paso de este por sus adentros.
Prisión que esconde el cuerpo,
pero no el alma del prisionero.
Pues pasa frente a nuestros ojos,
aunque nuestros relojes estén rotos.

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