Llegué a lo alto, a la cima,
contemplé con estupor mi vida.
Pero eso ya es pasado,
ahora sólo me quedan cervezas los sábados.
No soy la sombra de lo que fui,
soy lo que se esconde tras ella.
El valor, la seguridad,
desaparecieron tras abandonar aquella...
Pero de qué me voy a quejar,
no me quejo, me quedan los recuerdos,
las sensaciones grabas en la piel,
como las cicatrices de un masoca,
que al verlas, recuerda el placer.
Pero de qué me voy a quejar,
si me atreví a ser,
a ser libre, a ser yo.
Disfruté del aroma de la flor,
hasta que murió.
No se puede vivir del pasado,
ya lo sé.
Pero cuando caes
no puedes evitar ver desde dónde caíste.
Y esa es la pesadumbre que me viste.
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