martes, 4 de noviembre de 2014

Confesión.

Tengo una historia, como todo el mundo.
Mi pasado me marcó, pero no determinó mi futuro.
Los versos cortos no son menos profundos,
los largos no menos oscuros.

Avanzo con el miedo de olvidar el camino.
Camino con el miedo de olvidar avanzar.
Cada célula de mi cuerpo se alimenta de un lamento,
cada alimento de éstas, se convierte en verso.

Y esto es lo que hago desde que cogí mi primer cuaderno.
Escribir, no por sentirme menos solo,
sino por sentirme más comprendido.
Que cada vez que abro la boca me quieren cerrar el pico.

Y ya estoy harto.
Si soy yo, no os gusta,
pero si dejara de serlo,
me criticaríais por ello.

No soy el tonto que todo el mundo cree.
Ni el chico bueno que todos piensan.
Lo que pasa, es que al igual que la muerte,
mis demonios tienen demasiada paciencia.
Y yo demasiado rencor.

Esto no es ninguna amenaza,
sólo una confesión.

No hay comentarios:

Publicar un comentario