miércoles, 24 de diciembre de 2014

El juicio.

Y el fiscal se volvió abogado 
en medio del juicio.
Y el testigo fue apresado,
y el acusado libre.
Y la pena se volvió alegría,
y la sentencia prejuicio.

Todo volvió al inicio,
cien años antes,
donde no había crimen,
ni soledad, ni castigo.

Donde no había nada,
donde nada había nacido.
Donde no había felicidad,
ni dolor,
ni nada.
Porque nada vivía.

Donde no había valiente,
ni cobarde.
Donde el error era acierto.
Porque los extremos se tocan,
por eso la muerte y la vida,
llegan a ser lo mismo.

Que para perder el tiempo guardando las formas
para acabar perdiendo el juicio,
mejor lo pierdo desde el principio,
y vivo feliz conmigo mismo.

Sin cuerdas, sin ataduras,
llegando al final con mis principios.


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