Me recompongo enseguida
porque de nada sirve estar roto.
Y aquí lo dejo,
y aquí empiezo.
Me guardo los derechos,
me guardo los recuerdos.
Que todos los males desgarradores,
son experiencias del cuerpo.
Y todos los bienes pasados,
alegrías para el cerebro.
Que tengo una vida,
y dos, y tres,
y cuatro también.
Que ando de día, de noche
por llanuras, por cuestas,
de vaivén en vaivén.
Que subo a la cima
y salto al vacío,
que vacío mi vida
y la lleno de tinta.
Que tiro de ciencia,
y tira de mí la poesía.
Que soy humano,
la bestia de mi propia existencia.
Que me recompongo enseguida,
porque de nada sirve estar roto.
Porque no paso página,
encadeno mis historias.
Les pongo punto y seguido
a cuatro vidas.
Si me caigo,
me levanto en mayúscula,
no en cara nueva.
¿Valentía? No.
Impaciencia.
Resurrección.
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