Despacito y buena letra,
que las emociones también cuentan.
La rima y la medida
son cosas del escriba.
Diferente es el poeta,
que plasma lo que el alma dicta.
No importa el color de la tinta,
tampoco su grafía.
A fin de cuentas la esencia es la misma.
Cala igual en el alma,
aunque no cale igual en la vista.
Tic-tac, tic-tac,
las noches en vela enfrían,
llenan el folio,
vacían demonios,
calientan las criptas.
Se oyen voces,
los poemas gritan.
Resuenan en mentes,
en manos,
en borrones de tinta,
en espacios de miedo
que no se escribieron,
en puntos perdidos
suspendidos en recuerdos
que no se aceptaron
por escoger caminos errados
en pasados cercanos o lejanos,
pero nunca olvidados.
El eco ensordece,
y el poeta aguanta el ruido,
el bullicio que las emociones meten.
Las balas que dispara,
son las que le desgarraron el alma.
Porque no es perfecto,
es humano.
Y como buen humano, es rencor y venganza,
hecho palabras.
El sentir personificado,
la emoción personificada.
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